Todos formamos parte de la naturaleza que nos rodea, de una forma que va más allá de lo que a veces queremos reconocer. Somos lo que ella nos aporta y no a la inversa. Nuestra conexión no es solo física, sino mental y espiritual.

Todos formamos parte de la naturaleza que nos rodea, de una forma que va más allá de lo que a veces queremos reconocer. Somos lo que ella nos aporta y no a la inversa. Nuestra conexión no es solo física, sino mental y espiritual.

¿Realmente hemos observado la naturaleza tal y como se expresa? ¿y su poder? ¿Nos hemos visto nosotros mismos realmente como parte de ella? Si observamos bien, descubriremos todas las herramientas que nos ofrece y que comparte para nuestro bienestar. No hemos sido sabios en muchísimas ocasiones.

Si echo un vistazo a las asignaturas que se han impartido en nuestro sistema educativo, a la llamada Conocimiento del Medio, tendríamos que reestructurarla y llenarla de contenido real y actual, obedeciendo solo al interés de la sostenibilidad mundial, sino saber dónde estamos y quiénes somos. El autoconocimiento real nos ayuda a reconectar no solo con nosotros mismos, sino con nuestra naturaleza externa e interna.

Hay que buscar en el medio natural para aprender a entendernos con más profundidad. Escuchar cómo nos habla y saber que tu cuerpo en comunicación constante también te emite sus señales. Escucha, observa, aprende y descubrirás el mensaje. Y esto nos vale para muchas áreas de nuestra vida. Piensa en ello.

Cuando hablamos de cambiar el estilo de vida, no se trata de tomar actitudes drásticas, totales e impulsivas. En mis formaciones o talleres siempre les hago una pregunta a los participantes: ¿Podemos comernos un elefante? Respuesta: pues SI… pero pedazo a pedazo. Cambiemos áreas de nuestra vida, malos hábitos, de manera paulatina, poco a poco para que perduren. Cambiemos para mejorar y sentirnos intensos.

He querido introducirme con estas líneas para que sintáis la vinculación existente entre nuestro entorno / ecosistema y nuestro comportamiento dentro de él. Y entre esos comportamientos o estilos de vida, el de cómo nos alimentamos.

Si queremos un sistema alimentario mundial sostenible, tendremos que aprovechar todos los recursos naturales de los alimentos vegetales, de una forma sabia y con equilibrio. Requiere inferior recursos en gastos, menos emisiones de gases.

Nos estamos olvidando la importancia del sector primario y como desarrollarlas para mantener el equilibrio adecuado en nuestro ecosistema. Las actividades que se realizan en este sector son esenciales para garantizar la conservación y existencia de la población. Ellas garantizan la mayoría de las materias primas que se utilizarán en el sector secundario con destino al consumo humano. Pero no vale cualquier manera de producción.

Cambiar el mundo no es tarea fácil. O quizás no se trata cambiarlo. ¿No será que los que tenemos que cambiar somos nosotros, como habitantes en él? Cambiar tu manera de hacer las cosas para mejorar no tiene por qué ser tan difícil. No es escalar grandes montañas, son la suma de pequeños RETOS.

La relación entre sostenibilidad y nutrición no es nueva, Ya desde los años 80´s se establecía la necesidad en las recomendaciones nutricionales para el equilibrio.

Con posteridad llegó la econutrición, así se le daba atención a la biodiversidad y calidad del alimento. Y sumado ello aparece los conceptos de salud nutricional, integración, políticas y medidas alimentarias, calidad y seguridad.

Aquí van datos recogidos para que nos hagamos una idea:

  • Se ha calculado que el sector agrícola contribuye 10-12% de las emisiones de efecto invernadero a nivel mundial, mientras que la desforestación y otros cambios en el uso de la tierra contribuyen con un 6-17% adicionales de emisiones globales.
  • La producción de alimentos de fuente animal es el mayor contribuyente al efecto invernadero 14,5%, del sector agrícola. Además, debido al crecimiento demográfico, se estima que la demanda global de alimentos de origen animal aumentará sustancialmente en los próximos 30 años.

Los datos solo ponen de manifiesto que hay que efectuar algún cambio, sobre todo en la metodología y en las formas de explotación, sin querer profundizar en otros cambios a la hora de elegir qué comemos.

Se define como dieta sostenible, a “aquella dieta con un impacto medioambiental bajo, que contribuye a la seguridad nutricional y alimentaria, además de ayudar a las generaciones presentes y futuras a llevar una vida saludable.

Una dieta sostenible protege y respeta la biodiversidad y los ecosistemas, es culturalmente aceptable, accesible, justa y asequible a nivel económico; adecuada nutricionalmente, segura y saludable, a la vez que optimiza el uso de recursos humanos y naturales”

Para resumir las recomendaciones en alimentación sostenible y de manera generalizada sería, una alimentación rica en productos de origen vegetal, frutas, hortalizas, leguminosas, aceite de oliva virgen y cereales, consumo moderado de alimentos de origen animal, de preferencia variedad de carnes blancas, pescado, mariscos y productos lácteos.

Limitar el consumo de carnes rojas, y eliminación total de la dieta de productos cárnicos preparados y conservados en base a sales de nitrato o nitrito. Los alimentos procesados son un punto en el que debemos prestar mucha atención.

En los principios el desarrollo económico mundial, tenía como objetico mejorar las condiciones de vida y la salud de los seres vivos (refiriéndose a los humanos). Poniendo toda la tecnología a su servicio. Pero está claro que nos hemos desviado y a ahora se trata de producción y capital por encima de prevención, salud, calidad…

Si queremos tener un futuro y nuestras generaciones en este planeta debemos de hacer cambios importantes y para ello todos somos necesarios. Somos todos los administradores de este mundo que habitamos, llamados a ser fiel a este mandato.

Desde mi aporte profesional en la nutrición, fomentar una alimentación saludable y comprometida, ofreciendo calidad de vida por medio de la alimentación y al mismo tiempo promover actitudes comprometidas con nuestro entorno, comenzando de los más próximo a los más distante.

Yo sé lo que voy a hacer cuando vuelva a reconectar físicamente con mi planeta. Me dirigiré a ese lugar donde yo me siento en conexión, pondré mis pies desnudos en contacto con la tierra, compartir nuestras energías y sentirla. ¿Y tú? ¿Quieres reconectar?

NO TE PREOCUPES, MAS BIEN OCÚPATE

“Si supiera que el mundo se habría de acabar mañana, yo aún así plantaría un árbol.”  (Martin Luther King)

Instructora – Formadora en nutrición y sostenibilidad
Blanca Rouneau